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 Villancicos y gozos
30 de noviembre de 2009 11:36

Niño Dios. Artista Lourdes Palomino. Foto: Alfonsina Barrionuevo

Niño Dios. Artista Lourdes Palomino.

¡Dios bendiga a todos los peruanos en este 24 de diciembre, que lleve paz a su corazón y a nuestro territorio!

"La noche fue día y un ángel bajó. Hermoso lucero le vino a anunciar."

"A la peregrina vestida de sol, que a Belén camina con gracia y primor."

Los villancicos llegaron de España y se desparramaron por doquier en tierra nueva. Antaño, se les decía villancetes y villancejos porque los cantaban los villanos. Era gente que vivía en las villas, como quien dice pueblos pequeños. Entre nosotros se les llamó albas, alabanzas, aguinaldos y goces, y aún se acostumbra darles ese nombre. El nombre de villancicos se usa más en las ciudades donde hay iglesias y se arman los portales para la noche del veinticuatro.

"Calla Niño lindo, calla, no lloreis, toma estos coquitos para que jugueis."

Diciembre no acaba de entrar a los calendarios cuando comienzan los preparativos con una unción que conmueve a miles de pueblos de nuestro territorio. La globalización y la modernidad no han logrado disminuir el cariño que recibe en el Perú el santo infante. El más amado de todos los íconos venidos de Occidente porque es un parvulito que no asusta ni causa temor. Los curas doctrineros y las órdenes religiosas se preocuparon mucho por difundir su culto. Les ayudó su ingreso al mundo mágico del Ande. El Niño Dios en el Perú es protagonista de increíbles travesuras. No sólo volvió a nacer en las manos de los imagineros y escultores de Cusco sino que hasta lo llevaron a sus telas los pintores de la célebre escuela que floreció en la Capital Imperial. En uno o dos lienzos, que son exclusivos, aparece como Niño de Reyes con todas las insignias de los Señores Inkas. No se hicieron más. Viéndolo los descendientes de los emperadores cusqueños y los ayllus relacionados con las Panakas comenzaron a pensar en un posible parentesco. Una condición sagrada andina que no agradó a los españoles.

En este mes del año cientos de niños y adultos ensayan hermosas canciones y danzas celebrando su nacimiento. Las coplas llenas de ternura flotan en el aire mientras los vecinos seleccionan las ramas de arrayán, molle, eucalipto, y otros árboles nativos para armar su pesebre.

Entre ellos no es familiar la conocida canción de "Noche de Paz", que se ha hecho clásica en el mundo cristiano. Cada uno tiene sus propias creaciones de acuerdo al lugar donde está: "Señor San José, santo carpintero, ¿por qué no hace una cuna para este pequeño?" "Niño Manuelito toma mi ovejita y, con su lanita, ponchito te haré", "Dadnos licencia señores, para bailar y cantar..."

El Perú tuvo hasta 69 idiomas, dice el investigador Rodolfo Cerrón Palomino. Por eso las albas, goces y alabanzas, se escuchan en castellano, qechwa, aimara y otras. Hasta se conservan los que mandó recopilar el obispo mecenas de Trujillo Baltasar Jaime de Compañón y Bujanda en el siglo XVII, entre los muchik y chimu, en castellano. Hay que tener también en cuenta que muchas de estas canciones navideñas son prehispánicas y fueron adaptadas para la Navidad como el solemne Hanaq Pacha Kusi Kuinin, que recogió en el Cusco el canónigo Juan Pérez de Bocanegra, y que parece ser, en realidad, un himno cusqueño al Padre Sol, cuando se traducen algunos de sus versos.

Puno, que recibió mucha atención de los jesuitas, tuvo coros de voces infantiles para las Pascuas. Según su tradición sus padres, los kurakas ricos de Chucuito, llenaban la iglesia de San Juan para tener la alegría de escucharlos. Ellos contribuyeron mucho al imponente tallado de las iglesias de esta margen del lago Titiqaqa y la compra de imágenes para sus altares. Las ventanas que eran de piedra berenguela arrojaban en la mañana, cuando salía el sol, un resplandor dorado sobre el interior. Estamos en la primera década del siglo XXI y si bien las ciudades han perdido el encanto de las fiestas pascuales queda mucho afortunadamente en el interior. Más de lo que puede imaginar sus habitantes que las han convertido en objeto de comercio. Millones de peruanos quisieran volver a sus raíces para recordar a sus padres y abuelos y sumergirse en las costumbres adorables en torno al portalito, pesebre o nacimiento. "Manojito de rosas y alhelíes, dime en qué piensas que te sonríes."

Los haravikuq sabían conmover las fibras del corazón hasta sus canteras más profundas. Como la Navidad es una fiesta familiar no puedo recorrer en esta fecha el Perú. Pero, me quedan los recuerdos de lindas navidades vividas en otros años.

¡Dios bendiga a todos los peruanos en este 24 de diciembre, que lleve paz a su corazón y a nuestro territorio!



Textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.