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 Máximo Laura
01 de enero de 2010 19:00

Máximo Laura. Foto: Máximo Laura

Máximo Laura.

En el mismo Huamanga, en un lugar bendecido por la mano de Dios y de los Wamalis creció fuerte Máximo Laura, tejedor, pintor y orfebre de tramas y urdimbres con herencia de milenios y visión de futuro, resultando como sus hermanos parte de la economía de la familia.

La mano regordeta del niño de Yuraq Yuraq empuñó los ovillos como si fueran para jugar. Su padre, don Miguel Laura, lo miró complacido. Era el retoño de un árbol maduro que recibió la esencia de su savia. La hojita que creció adosada a él absorbiendo su sabiduría. En el mismo Huamanga, en un lugar bendecido por la mano de Dios y de los Wamalis creció fuerte Máximo Laura, tejedor, pintor y orfebre de tramas y urdimbres con herencia de milenios y visión de futuro, resultando como sus hermanos parte de la economía de la familia.

Al pie del cerro Picota el cielo se arremolinaba sobre la cantera de blanquísima piedra, para ver como el arco iris jugaba a las escondidas entre las hebras de algodón, oveja y alpaka de los frazaderos. Por 1920, antes de que se fragmentara en barrios, Belén, Santa Ana y otros, las frazadas cheqche de Yuraq Yuraq tenían una fuerte demanda.

Su padre quiso que Máximo abandonara el oficio para ser un profesional, aunque era su qoribarreta, "su bastón de oro". No sabía que este hijo, nacido casi al final de sus largas experiencias, porque lo tuvo con medio siglo tatuados sobre los huesos, sería un chankay, un parakas, un muchik renacidos en las cuerdas vibrantes de sus dedos, tras un salto de milenios. No sé como serían ellos pero tiene su piel tostada por los soles de las ocho regiones, el dominio de sus colores, de sus formas, de la dinámica de su entorno o su quietud. No es un tejedor. No lo veo como tal. Máximo es un artista que usa como instrumento el telar para provocar una revolución masiva de ideas en la realidad de los hilos.

Es un pintor porque sus tapices son cuadros extraídos de la naturaleza con los caprichos que ella puede tener y el orden que él puede dar a cada cosa hasta en los degradeés. Es un orfebre porque está usando las tecnologías del manejo del oro y la plata como el cincelado, el anillado y el ensortijado entre otras. Esfuerzo que imprime a su telar una fuerza avasalladora para seguir las ordenes de su mente y su corazón logrando un acabado total.

La condición mágica del Ande que anima cada paso que da sobre el telar aumenta el valor de sus obras. Su padre fue músico dentro de la trilogía violinista.arpista,bailarín de tijeras. Parecería por las tijeras que su origen fue español. Pero el danzaq, gala o villano, es prehispánico y la armonía de los metales conque alumbra su ritual es arrancado del interior de piedras que al ser entrechocadas simulan un sonido de metales.

El violín de don Miguel se identificó también con otros géneros que iban creando en Máximo sinfonías que trasladaría al telar. De hacer dúo con Tani Medina, fue integrante de los legendarios Morochucos y acompañó a Ima Sumaq cuando la llevó Moisés Vivanco a Ayacucho. Máximo habla con admiración y cariño de su padre que sabe Dios cuántas cosas más sabría que no me las puede decir en unas horas de conversación, absorbidos por espantar los ruidos de la megaurbe y pasar por encima de ellos y de ella que ha urbanizado sus cerros para encontrar aquellos puros puntales del infinito, Apus, Awkillos, Achachilas, Hirkas, Orqos, Wamanis y Wamalis.

Su qechwa se puede trasladar al inglés con la misma facilidad del castellano, porque ha transitado por varios países. Total, se cree que el arte es ciudadano del mundo, que no tiene identidad, y me da risa, porque no es así. Cada célula humana tiene impreso un nombre. En el nuestro: Perú, Andes del Perú, yo los amo porque siento que soy vuestra, desde sus montañas que se acuñan en mi corazón hasta los ríos que palpitan en mis arterias.

Máximo me cuenta que camina hacia el abstracto como si quisiera dejar caer la cáscara del figurativo. Creo que quiere transformar más que nunca sus tapices en altares de mar, banderas de vientos, huracanes de nubes, músicos extendiendo las notas hasta el espacio, danzarines convertidos en pirotecnia de colores, peces en sombra de olas, aves barriendo los espacios.
En algún momento comenta que quiere ver en sus obras algo que le hable y cuando agrega que siente miedo al vacío parece que me hablara un chavin. En los últimos años ha participado en bienales, trienales, exposiciones colectivas y también en individuales donde siente su arte más suyo.

Reconoce a los ancestros pero no ignora que es un hombre nuevo, contemporáneo de este siglo flamante, que las tecnologías cambian así como la visión del mundo y de pronto tejerá con fibras de metal nuestras iconografías aunque las herramientas se transformen o todavía permanezcan. Eso es desarrollar. "No es una aventura entrar al abstracto, confirma, en el fondo los temas, los personajes, los animales, no desaparecen, sólo concentran un mayor mensaje, aprovechando el color y la nobleza de las fibras."