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16 de marzo de 2009 • 06:28

Lágrimas de un Nevado

Nevado Verónica
Foto: Difusión
 

"¿Quieres vernos, hija? Puedes hacerlo al pie de la Verónica. Cuando los rayos de la luna se enreden en tus cabellos nos verás. Pero no somos seres humanos. Sólo somos energía pura aunque será una experiencia para ti apreciar el brillo que nos rodea."

Al decir esto la Pachamama del Waqaypata de Cusco se estaba refiriendo, en una mesa mística, a uno de los nevados que se encuentran en el camino a Machupiqchu. Willka Weqe, "Lágrima Sagrada".

Los viajeros que pasan rumbo al santuario no tienen la menor idea de que se encuentran en una región mágica donde se unen el paisaje, la historia, la leyenda y las creencias ancestrales de la gente de las comunidades de

Cusco

. Generalmente los guías turísticos sólo mencionan las últimas noticias. En días pasados se publicó en Lima que, en cualquier momento, pueden producirse deslizamientos de tierra porque los cerros de la zona no son firmes.

No es necesario calzarse las botas de siete leguas para conocer Willka Weqe, la Verónica, el

nevado

taumaturgo se puede ver desde el tren de turismo a

Machupiqchu

. Un camino que se desplaza hacia la derecha lleva a cierta distancia hasta sus faldas. El

nevado

tiene gran importancia para el mundo andino. Allí realizan sus últimas pruebas los punkus o pongos, con capacidad espiritual para abrir "las puertas celestiales". Sólo ellos pueden lograr una comunicación de energía con los

Apus

que son espíritus de los cerros y trasmitirla a las personas que se sienten sin ánima.

Nadie ha osado subir a la Verónica, "Lágrima Sagrada", que se formó según la leyenda con las lágrimas que derramó Pitusilla. Ella fue esposa de Manko Qhapaq en una época en que el mundo estaba en penumbra. Ambos fueron al lugar elegido por los

Apus

y después de fundar la primera capital y enseñar a los hombres del hermoso valle a trabajar dio un salto y se colocó en el cielo para alumbrar la tierra. Pitusilla se quedó llorando aunque él le prometió volver. Esta es una de las leyendas sobre la fundación del

Cusco

.

Mallko o Manko Qhapaq, el primer Inka, nació en Chinchero. Su madre fue una extraña mujer que llegó un día no se sabe de dónde, llamada Mama Lloklla, es decir "Madre Aluvión". Allí se construyó una gran ciudad inka que existe bastante bien conservada. Los españoles construyeron sobre su templo una iglesia y se afincaron en las explanadas.

Además de la belleza del paisaje por el contraste de la blancura del

nevado

, de su forma en gota gigantesca que cuelga sobre un inmenso roquedal cuando se rodea el gran glaciar rumbo a Mandor, el lugar tiene otros atractivos. A más de 4,000 metros sobre el nivel del mar se encuentran tres pequeñas lagunas. Para obtener la jerarquía de pongos, es decir sacerdotes andinos, los aspirantes deben entrar de noche desnudos a sus aguas heladas para purificarse.

Las últimas semanas de setiembre y octubre son épocas ideales para visitar esos parajes por donde pasan las vikuñas. Si se tiene un buen físico se puede entrar a las lagunas, también sin ropa, pero cuidando abrigarse al salir. Otra persona debe esperar con una frazada al otro lado para envolver al entusiasta. Al parecer se entibian ligeramente en cierta época del año.

Según afirma Alberto Amézquita, conocedor de la región, al

nevado

cusqueño llegan los místicos para recibir nueva energía. Únicamente los pongos tienen la obligación de sumergirse en las tres. La renovación se siente al instante. El cuerpo entra en calor, el fuego interior que se siente reanima el espíritu. Finalmente, dicen, hay un rejuvenecimiento de las células.

Las lagunas no son grandes sino pequeñas y poco profundas. Los punkus cumplen con ese ritual a las tres o cuatro de la mañana, cuando hay luna. Los viajeros curiosos sufrirán menos si hacen la prueba cuando ya salió el sol y hay menos probabilidad de sufrir hipotermia.

En el

Cusco

hay taxistas que son de Quillabamba y conocen el camino. Ellos ubican el lugar donde están las tres lagunas. Su color es turquesa y cuando las alumbra el sol parece que tuvieran gemas brillantes en la superficie. El viaje de ida y vuelta se puede hacer en un día, saliendo temprano de la Ciudad Imperial. De hecho la experiencia es inolvidable.

Para ir de noche hay que llevar carpas especiales y cocinillas de campaña para hervir agua. En noche de luna el espectáculo es diferente. El astro nocturno se refleja por triplicado en su superficie como si hubiera caído en sus aguas. Lo único que se recomienda es haber probado en el

Cusco

resistencia a la altura para no sufrir el problema de un soroche que puede acabar con la fascinación que se siente.



Esta es una campaña cívica con los textos y fotos de Alfonsina Barrionuevo.