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 Destruyendo la historia
18 de enero de 2010 03:42

Wallamarka.  Foto: Alfonsina Barrionuevo

Wallamarka.
18 de enero de 2010

En cualquier lugar del Perú, cualquier día, cualquier mes, cualquier año, extranjeros y peruanos destruyen la obra de nuestros milenarios antepasados. Las denuncias y las censuras llueven. Todas son bienvenidas porque indican reacción. No hay silencios culpables. Estoy con ellas y participo totalmente.

Sin embargo, pregunto ¿Por qué se trata de destruir esos maravillosos vestigios de nuestras culturas? ¿Por qué ese ensañamiento que indigna? Hace siglos los españoles cometieron miles de atentados contra ellas y también contra sus gentes. Había que hacer desaparecer los testimonios materiales y también los vivos. Casi no se habla del genocidio masivo que sufrió América y que obligó a importar esclavos del África para llenar sus necesidades de mano de obra.

El propósito era mandar, presionar, avasallar, lograr el olvido de su grandeza y crear una subestima que nos daña, nos minimiza, no nos deja triunfar y contra la cual luchamos como un sarro que limpiar para dejar libre el espíritu. Cuando leo que irresponsables, sobre todo peruanos, han causado graves daños en Chan Chan, en las calles con muros inkas de piedra de Cusco o en cualquiera otra parte de nuestro territorio, me pregunto por qué lo hacen. ¿Basta protestar? No, me repito mil veces. No. Hay que ir al origen. De otro modo seguiremos sufriendo las injurias de los ignorantes o los que no nos quieren.

Para mí y para muchos es urgentísimo llamar la atención sobre algo que se olvida. Todas esas reacciones responden a la falta de conocimiento de la Historia del Perú. Lo digo insistentemente y coinciden en ello los miles de peruanos que estudiamos otra Historia del Perú antes de los últimos años del 60, una Historia diferente a la que se dicta hoy en los colegios.

Teníamos, para principiar en nuestra currícula, la Educación Cívica. Los jóvenes de ahora ni siquiera saben cuáles son los símbolos patrios que aparecen en el Escudo que están en nuestra Bandera. No lo estoy inventando. Soy profesora y cuando pregunto algo que debía responderse sin dudar, recibo respuestas que causan indignación. "¿Qué hay en el Escudo Nacional?" "Me parece que un animalito". "¿Luego?" "Un árbol." "¿Y en su tercer campo? "Hasta ahí no más llego, disculpe."

Cuando comienzo un ciclo tiene que ser, por eso, desde el principio, desde cuando el mar bajó en una glaciación y miles de asiáticos cruzaron el estrecho de Behring hacia las tres Américas. En nuestro territorio hay que seguir su rumbo, su lucha por sobrevivir en ocho regiones disímiles donde se asentaron según sus preferencias, los pisos ecológicos que facilitaron la domesticación de plantas alimenticias que son nuestro orgullo, hierbas medicinales y animales, la creación de 69 lenguas para comunicarse y nombrar lo que veían. Las variantes en estilos de sus arquitecturas, su dominio gradual de tecnologías en orfebrería, textilería, cerámica, trabajos plumarios, fabricación de instrumentos agrarios, musicales, artes de pesca, navegación y otros, sin que se pueda dejar de mencionar su modo de escritura que ha llegado a nuestro tiempo con la khipukamayoq de Chiquián que escribe oraciones funerarias y el conocimiento del cuerpo humano que se inició en Sechin. Los alumnos nacidos en Lima no tienen idea de cómo fue Lima Prehispánica, Virreinal ni la Contemporánea que vivimos. Ellos están en otro siglo con otras tecnologías, pero no es posible que no conozcan por lo menos algo de sus raíces. Por lo que veo no sienten orgullo ni por Lima ni por el Perú.

Se admiran cuando se les dice que en el Valle del Rimaq los españoles encontraron 400 wakas o lugares sagrados, entre templos y mansiones de sus señores que recibían energía telúrica y cósmica, dominando el conocimiento de los movimientos del sol, la luna y las constelaciones en relación a su vida y a la producción de la tierra y el mar. La Historia del Perú, para ellos, es tan ajena como la de Egipto o Grecia.

Reconozco que su aprendizaje de lo que se les puede enseñar en un ciclo es heroico. Cómo introducir en su memoria virgen de lo que tenemos episodios que no comprenden, maravillas que están viendo por primera vez como Caral en los DVD que los llevo, y esperar que identifiquen al menos algunas culturas.

Las instituciones culturales que tenemos se empeñan en hacer una buena labor. Los museos y otras instituciones programan conferencias, talleres, instalaciones. EL INC Nacional se preocupa por promover ferias, festivales, encuentros. Mas, necesitamos que sea permanente y eso se logrará sólo si a nivel de nuestro territorio se devuelve a la Historia del Perú su dimensión en la currícula escolar, que fue disminuida en los tiempos del General Velazco y reducida a un capítulo de las Ciencias Sociales. Hay que vibrar con la Historia del Perú. Hay que reivindicar su sitio y estudiar sus secuencias desde tiempos ancestrales hasta los siglos que son ayer nada más. ¿Quién sabe por qué se ha tratado en los últimos días de que los restos de una monja patriota sean llevados al Panteón de los Próceres? ¿Cuántos peruanos conocen la decisión humanista del marino francés Petit Thouars de regresar al Puerto del Callao, cuando se iba, al observar que la escuadra chilena esperaba que su flota desapareciera en el horizonte para atacar Lima sin contemplaciones?

¡Cuánta falta nos hace conocer como se debe la Historia del Perú! ¡Cuando se logre que vuelva como debe ser a los textos escolares se podrá lograr que la conducta de nuestros estudiantes sea otra así como también las decisiones de los gobiernos que entregan concesiones en los grupos arqueológicos, en las reservas ecológicas, en las comunidades y en las fronteras, sin pensar en las consecuencias!